Hoy he encendido cuatro velas que he visto consumir con melancolía y, sí, un poco de tristeza.
Una por ti, porque hoy hace un año que te fuiste.
Una por ella, para que sepa seguir sin ti y te eche de menos, pero sin dejar de sonreír.
Otra por nosotros, para que no olvidemos todo lo que nos enseñaste y seamos capaces de recordarte y tenerte presente en cada momento sin que una lágrima caiga y nuestra mirada se vuelva triste.
Y otra por todos aquellos que, ahí arriba, están cuidando de los suyos y son, como tú, los Ángeles de la Guarda de este Mundo.
A pesar de que la última vez que te vi te dolía hasta el alma, hoy con estas cuatro velas que ya se han consumido, he recordado más que nunca tu sonrisa, ésa que nos ilumina y nos guía. La que ese 26 de Diciembre luciste con orgullo y la que, desde entonces, más brilla en el firmamento. La buena estrella del que, como hace un año comprendimos, es el Mejor Guardián que podíamos tener en nuestro Cielo.
Te quiero. YSEA.






